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Oraciones católicas y prácticas piadosas para uso de fieles. Hagiografía. Testimonios

NUEVO APOSTOLADO NINIVITA
Nace un nuevo apostolado en la Parroquia Santa María del Mar (Av. Alcalde José Ramírez Bethencourt, 21) que anima a los fieles a congregarse en oración una vez al mes para FORMAR UN ESCUDO DE INTERCESIÓN PROTECTORA ALREDEDOR DE LA ISLA DE GRAN CANARIA, invocando a sus santos patronos, SANTA ANA y SAN PEDRO MÁRTIR DE VERONA, a los ARCÁNGELES, a los ÁNGELES CUSTODIOS y a NUESTRA SEÑORA DEL PINO.

 

NECESIDAD DEL APOSTOLADO

Las fuerzas del mal actúan sobre las ciudades y regiones del mundo. Así es, los demonios y espíritus impuros, actuando de forma organizada y jerarquizada, son los causantes de muchas de las calamidades que azotan un determinado territorio (Daniel, 10). Su estrategia principal es promover ideologías y prácticas colectivas que desvíen a las personas de la voluntad divina, ya sean espirituales, religiosas, políticas, sociales o culturales. Su objetivo es que un número cada vez mayor de habitantes se involucren en esos hábitos que les alejan de la la luz del Evangelio y atraer para ellos desgracias o castigos colectivos, pues en la medida que una población permita entrar al demonio, así será su grado de paganismo, brujería, vicio, abortos, infidelidad conyugal, pedofilia, etc.   

Es por eso que dos ciudades o regiones de un mismo país pueden tener muy diferentes índices de delincuencia, tráfico de drogas, divorcios o suicidios, por poner un ejemplo. Es cierto que no todo mal o pecado proviene del diablo, pero allí donde haya un incendio el diablo echará gasolina.

La degradación humana “de mozos y viejos, todos sin excepción” en Sodoma y Gomorra llegó a tal punto que desató la ira divina, "e hizo Yahvé llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego desde el cielo", "destruyó estas ciudades y toda la hoya (donde Lot vivía), y cuantos hombres había en ellas, y hasta las plantas de la tierra". (Génesis, 19). Jonás anunció a los habitantes de Nínive que la ciudad sería destruida en cuarenta días por la mano de Dios. Llegó la noticia al rey de Nínive y, levantándose de su trono, se desnudó de sus vestiduras, se vistió de saco e hizo pregonar en la ciudad una orden, diciendo: “Hombres y, bueyes y ovejas, no probarán bocado, no comerán nada ni beberán agua. Cúbranse de saco hombres y clamen a Dios fuertemente, y conviértase cada uno de su mal camino y de la violencia de sus manos”. "Entonces vio Dios lo que hicieron, convirtiéndose de su mal camino, y arrepintiéndose del mal que les dijo había de hacerles, no lo hizo". (Jonás, 3)

Gran Canaria no es Nínive ni Sodoma, es una isla alegre, llena de gente amable y maravillosa, pero también en ella se acumula el lodo de los espíritus malignos por prácticas de santería, adicciones y otras aberraciones que van contra la ley de Dios. En cualquier caso, del mismo modo que no esperamos a que la suciedad se adueñe de nuestra casa para limpiarla, tampoco debemos esperar a que la concentración de fuerzas del mal en la isla sea insostenible o entristezca a Dios.

Al conjunto de oraciones hechas para alejar a las fuerzas demoníacas de una comunidad o lugar se le denomina “Dimicatio”. Y junto con el ayuno, será la principal herramienta espiritual del apostolado para impedir que el príncipe de este mundo se enseñoree de las ciudades y poblaciones de Gran Canaria, rompiendo a golpe de oración sus engaños, aberraciones y ataduras, “antes que la cólera os pulverice como tamo, antes que caiga sobre vosotros el ardor de la ira de Yahvé, antes que llegue sobre vosotros el día de la ira de Yahvé”. (Sofonías 2:2)

Más allá de la lucha espiritual contra el maligno, el coro de ninivitas del apostolado alzará sus oraciones intercesoras por el bien colectivo de la parroquia y la isla, “porque quien pide recibe, quien busca halla y a quien llama se le abre”. (Mateo 7:8)

 

PERFIL DEL NINIVITA 

Para no caer en trampas, obsesiones ni protagonismos, el motor del apostolado no debe ser nunca el odio ni el miedo al maligno sino el amor al prójimo y la cooperación en la salvación de las almas de nuestra isla. 

El perfil de los integrantes del coro de ninivitas es el de una persona humilde y espiritual, firme en su fe, un fiel de oración y eucaristía, que cultive las virtudes y los valores cristianos.

No quiere decir lo anterior que haya que ser santo para acometer la lucha espiritual contra el maligno que promueve este apostolado. En mayor o menor medida todos somos pecadores, como lo fueron los habitantes de Nínive, pero como les aconteció a ellos, para obtener el perdón y el favor de Dios lo importante es nuestro arrepentimiento sincero por amor a la Santísima Trinidad y a la Reina del Cielo, y no olvidar realizar el sacramento de la reconciliación cuando sea necesario y antes de la congregación mensual.  

El ninivita debe saber que, al contrario de lo que ocurre en otros apostolados, los frutos de nuestro servicio no serán inmediatos ni tangibles. Se trata de una lucha espiritual contra las huestes del maligno. De ocurrir cualquier desgracia en la isla, nunca sabremos hasta qué punto pudo ser peor sin nuestras oraciones. Pero tampoco podemos cuantificar el efecto benefactor de todos los rosarios que a diario se rezan en el mundo y sin embargo los católicos somos conscientes del inmenso bien que nos procuran. 

El ninivita ha de ser realista; ni siquiera un coro de sacerdotes exorcistas lograría atajar todo el mal de una ciudad, pero es seguro que si ejercemos nuestro apostolado con confianza, fe y perseverancia, Dios nuestro Señor escuchará nuestras oraciones  y la isla saldrá beneficiada. 

Son muchos los sacerdotes que no conocen la dimicatio, aunque en ocasiones los problemas de su propia parroquia vienen de la mano del padre de la mentira y se verían aliviados de ser practicada en su seno con esa intención. Un convento o una parroquia con sus religiosos o feligreses extremadamente enfrentados suele tener detrás la influencia del maligno echando gasolina en las mentes incendiarias de los miembros más problemáticos, sugestionándolos y susurrándoles pensamientos en contra de otros hermanos por las razones más absurdas. La dimicatio realizada frente a esa situación no supondría necesariamente erradicar totalmente el problema, pero el demonio estaría más atado, más impedido para exacerbar la división. No obstante, el ninivita ha de ser también discreto, por cuanto la lucha contra el maligno, a pesar de su innegable beneficio, provoca recelo y temor en muchos parroquianos y miembros del clero, sea por desconocimiento o miedo. 

Por todo lo anterior, estamos hablando de un apostolado para personas abnegadas, que no buscan el reconocimiento del prójimo, pues nuestros conciudadanos nunca sabrán el bien que trae a sus vidas la dimicatio de los ninivitas, que debilita al maligno y como agua de lluvia limpia las parroquias y las calles y rincones de nuestra isla del fango impuro de las huestes infernales, es decir, “el espíritu de mentira, de impiedad, de blasfemia y el soplo envenenado de la impudicia, de los vicios y de todas las abominaciones que provienen del maligno”. (S.S. León XIII) 

 

CARISMA

✓ Alabar a la Santísima Trinidad.

✓ Orar por la intercesión benefactora de los santos Patronos de Gran Canaria, Nuestra Señora del Pino y san Pedro Mártir, de los arcángeles, de los ángeles custodios y del ángel guardián de la isla. 

✓ Aplacar o expulsar con ayuno y oración las fuerzas del mal concentradas en Gran Canaria.

✓ Cooperar en la salvación de las almas de nuestros conciudadanos. 

✓ Liberar a la isla de terremotos, pestes y calamidades con origen preternatural. 

✓ Contener la santa ira divina sobre Gran Canaria.  

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FUNDAMENTOS

 

Bíblicos:

 

“Procurad la prosperidad de la ciudad adonde os he llevado y rogad por ella a Yahvé, pues su prosperidad será vuestra prosperidad”. (Jeremías 29:7)

 

“Y Yo seré para ella (la ciudad), dice Yahvé, muro de fuego en derredor, y seré su gloria en medio de ella”. (Zacarías 2:5)

 

“Glorifica, Jerusalén, a Yahvé; alaba, Sión, a tu Dios. Por haber reforzado las cerraduras de tus puertas y haber bendecido en tu interior a tus hijos”. (Salmo 147:12-13)

 

“Acampa el ángel de Yahvé en derredor de los que le temen y los salva”. (Salmos 34:8)

"Les contestó (Jesús): Esta especie (Espíritus impuros) no puede ser expulsada por ningún medio si no es por la oración". (Marcos 9:29)

“Yo os he dado poder para andar sobre serpientes y escorpiones y sobre toda potencia enemiga, y nada os dañará”. (Lucas 10:19)

 

“La bendición del justo engrandece la ciudad; la boca del impío la abate”. (Proverbios 11:11)

"En efecto, la ira de Dios se manifiesta desde el cielo sobre toda impiedad e injusticia de los hombres, que aprisionan la verdad con la injusticia". (Romanos 1:18)

"Ya en Horeb provocasteis la ira de Yahvé, y Yahvé se irritó contra vosotros hasta querer destruiros". (Deuteronomio 9:8)

"Habrá grandes terremotos, y en diversos lugares, hambres, pestes, espantos y grandes señales del cielo". (Lucas 21:11)

 

“Buscad a Yahvé los humildes de la tierra, que practicáis su ley; buscad la justicia, buscad la mansedumbre; quizá quedaréis al abrigo de la ira de Yahvé”. (Sofonías 2:3)

 

“Si Yahvé no edifica la casa, en vano trabajan los que la construyen. Si no guarda Yahvé la ciudad, en vano vigilan sus centinelas”. (Salmo 17:1)

"Alzó allí el altar a Yahvé y ofreció holocaustos y sacrificios pacíficos. Así se aplacó Yahvé con su pueblo y cesó la plaga en Israel". (2 Samuel 24:25)

"Revístanse con la armadura de Dios, para que puedan resistir las insidias del demonio. Porque nuestra lucha no es contra enemigos de carne y sangre, sino contra los principados y potestades, contra los soberanos de este mundo de tinieblas, contra los espíritus del mal que habitan en el espacio". (Efesios 6:11-12)

"Abrazad en todo momento el escudo de la fe, conque podáis hacer inútiles los encendidos dardos del maligno. Tomad el yelmo de la salud y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios, con toda suerte de oraciones y plegarias, orando en todo tiempo con fervor y siempre en continuas súplicas por todos los santos". (Efesios 6:16-18)

"Rasgad vuestros corazones, no vuestras vestiduras, y convertíos a Yahvé, vuestro Dios, que es clemente y misericordioso, lento a la ira y rico en benignidad, y se arrepiente en castigar". (Joel 2:13)

 

“Vio Dios lo que hicieron (los ciudadanos de Nínive), convirtiéndose de su mal camino, y arrepintiéndose del mal que les dijo había de hacerles, no lo hizo”. (Jonás 3:10)

Testimonios de santos:

​La Biblia y la vida y obra de los santos dan testimonio de la presencia acechante de los demonios entre los hombres, del poder exorcizador de la oración, y de la ayuda que nos prestan los ángeles y arcángeles, aún mayor cuando se les invoca. Recordemos que el numeral 328 del Catecismo de la Iglesia Católica establece que "la existencia de seres espirituales, no corporales, que la sagrada Escritura llama habitualmente ángeles, es una verdad de fe. El testimonio de la Escritura es tan claro como la unanimidad de la Tradición".

​Un episodio de la vida de san Francisco de Asís recoge como estando en las afueras de Arezzo vio un torbellino de demonios que inducían a los ciudadanos a la matanza entre ellos, por lo que el santo envió a un hermano franciscano ("al hermano Silvestre, hombre sencillo como una paloma") para alejar a los demonios, para "expulsar a los espíritus del aire, fomentadores de la sedición" en Nombre de Dios Omnipotente.

Delante de la puerta de la ciudad, Fray Silvestre elevó himnos de alabanza ante la presencia de Dios y exigió a los demonios marcharse del lugar inmediatamente de parte de Dios Omnipotente y por orden de su siervo Francisco. Y así ocurrió en un claro ejemplo del poder exorcizador, capaz de aplacar o alejar a las fuerzas  demoniacas que están actuando en un lugar o territorio de manera colectiva y organizada. 

Un episodio de la vida de santa Catalina de Sienna cuenta que la santa vio (con el espíritu) la ciudad de Roma llena de demonios que inducían al pueblo a matar al Papa. Lanzaban también terribles gritos contra la santa y le decían: «Maldita, tú querías encerrarnos, pero nosotros te daremos la muerte de la manera más terrible». Santa Catalina no contestó, limitándose a orar fervorosamente y pedirle a Dios que por el honor de su Nombre y la salvación de la Iglesia se dignase impedir que el pueblo romano cometiese un crimen tan abominable, siendo su sufrimiento intercesor el que logrará alejar esa concentración de fuerzas del infierno. El pueblo seguía siendo libre para obrar, pero la santa logró alejar a los demonios y aplacar su influencia sobre ellos.

​Enfrentarse a Satanás por medio de la oración es un camino de santificación. Como dijo el Padre Gabriele Amorth, el diablo sabe que nosotros los cristianos, con el sello de la Santísima Trinidad, somos inmensamente más fuertes que él. Son muchos los santos que en sus vidas terrenales hicieron frente al diablo, como por ejemplo san Juan María Vianney, santa Teresa de Ávila, santa Gema Galgani o san Pío de Pietrelcina. Esto no quiere decir que sea una lucha fácil ni que cualquiera pueda embarcarse en ella. Cada cual tiene su camino o misión encomendada. Se sirve a Dios de muchas maneras y desde diferentes servicios o ministerios, como las pastorales de la salud, vida, consolación, catequística, etc.   

​Conscientes de la presencia del mal y de la invaluable ayuda de los ángeles custodios y de los arcángeles para combatirlo, son numerosos los santos que se encomiendan a ellos. También para dar solución a problemas de otra naturaleza de la comunidad. "¿No son todos ellos (los ángeles) espíritus administradores, enviados para servicio, en favor de los que han de heredar la salvación?" (Hebreos 1:14)

​Dijo san Juan de Dios que el arcángel San Rafael bajaba algunas veces al Hospital de Jerusalén y, moviendo las aguas de la piscina, sanaba a los enfermos y curaba las dolencias de los hombres. Por eso el fundador de la Orden Hospitalaria que lleva su nombre devocionaba y honraba al arcángel —un príncipe grande del Cielo— que vino a servir a los enfermos de sus hospitales y ejercitar la caridad con los pobres.

​Para san Francisco de Sales, venerar a San Miguel arcángel es el mejor remedio contra las consecuencias de la rebeldía y la desobediencia a los mandamientos de Dios, del ateísmo, del escepticismo y de la infidelidad a nuestro Señor.

​Diversidad de autores que han estudiado y escrito sobre el Padre Pío afirman que una de sus principales devociones era la de San Miguel, no siendo difícil suponer que el amor del santo capuchino por este arcángel, radicaba en su protección frente a las fuerzas del mal. De hecho, sabemos por un escrito autobiográfico del Padre Pío que el arcángel se le apareció por primera vez cuando era adolescente para anunciarle su misión de combatir al diablo: "Tienes que entrar en combate con este (…) Yo estaré siempre junto a ti (…) te ayudaré y no dejaré que te venza".

​Fue san Miguel arcángel el que, tras las súplicas del Papa Gregorio Magno, se apareció en Roma y detuvo una epidemia que asolaba la ciudad en el año 590. Por este motivo Italia tiene al arcángel guerrero como santo patrón y protector. San Gregorio Magno ordenó que para implorar misericordia a Dios, todos los clérigos, religiosas y seglares de Roma elevasen súplicas incesantes al Altísimo. Durante tres días hubo oración y ayuno y luego acudieron en procesión penitencial hasta la Basílica de Santa María la Mayor, para implorar el auxilio de la Virgen. "A causa de vuestras oraciones, el Señor os libra de la peste" —fueron las palabras del arcángel a san Gregorio Magno en su aparición sobre la Mole de Adriano.— y a partir de aquel momento cesó la terrible epidemia.

​La devoción al glorioso príncipe san Rafael arcángel, "médico y medicina de los dolientes, consuelo y alivio de los afligidos", es también un medio poderosísimo para alcanzar misericordia de Dios para una población y por tenerle olvidado experimentamos notables faltas en muchas cosas, especialmente en cuestiones de salud. En el siglo XIII "a la ciudad de Córdoba vino una peste que la llenó de muertos, castigo de la mano de Dios; de suerte que los mas morían sin confesión, por haber muerto muchos confesores, y los pocos que había no podían asistir a tantos enfermos". Andaba entre ellos el fraile mercedario Simón de Sousa, que era muy devoto de san Rafael, no solo confesando sino dando limosna a los pobres en honra del glorioso arcángel; más traspasado de dolor de ver aquella desdicha, se vino a media noche a su convento y entró en el coro, y aclamando a la Reina de los ángeles, le pedía al médico perfecto de Dios san Rafael, que le favoreciese en aquel castigo del Señor. A estos clamores de fray Simón, no se hizo sordo el poderoso arcángel, y se apareció diciendo estas palabras. “Yo soy Rafael, que vengo a premiar tu ruego y la limosna, que a los ojos del Señor vale tanto como la humildad y caridad, que por ti ha levantado el azote de su justicia contra este pueblo, y di al obispo, que ponga mi imagen en el pináculo de la torre de la catedral, y exhorte a los fieles a mi devoción, y que serán remediados, siempre que a la Reina de los ángeles pidan la medicina del Señor: y que á los que trajeren mi imagen, libraré de todo mal, y en particular, del demonio Asmodeo".

Esto hacen por sus devotos ángeles y arcángeles; lo mismo harán por nosotros, si se lo pedimos con fe y devoción por la Reina de los ángeles y Jesucristo Nuestro Señor.


Revelación Privada:

Revelación de Jesús a la mística católica María Valtorta: “Se puede entender sin error que si se reúnen en oración diez almas justas y generosas con un fin santo para implorar piedad por un lugar, Yo no desatenderé su plegaria. Cuadernos de 1943 de María Valtorta.


Testimonios de sacerdotes exorcistas:

Para el sacerdote José Antonio Fortea Cucurull el poder exorcizador se puede aplicar no sólo a liberar a una persona de la posesión diabólica, o a liberar una casa de una infestación, sino que también se puede exorcizar a las fuerzas infernales para que se alejen de una parroquia, de una ciudad, de una diócesis, de una nación o de la Iglesia universal. Conforme a esta premisa, el Padre Fortea denomina "Exorcismo Magno" al exorcismo que se realiza no sobre una persona concreta, sino sobre un territorio.

En general, los exorcistas conciben las fuerzas infernales como una estructura jerarquizada, que combate a los hombres no solo individualmente sino siguiendo criterios geográficos y sociales. Encabezando las huestes del maligno de un determinado territorio se situaría un principado. De la lectura de Daniel, 10 se deduce la existencia de estos seres espirituales malignos al frente de los demonios de un territorio y la necesidad de acudir a San Miguel para combatirlos. “Nadie me ayuda contra ellos, si no es Miguel, vuestro príncipe”. (Daniel 10: 21) 

Hay ángeles superiores en jerarquía que tienen encomendada la misión de proteger ciudades y territorios, y demonios que están concentrados en aquellos lugares tentando a sus habitantes y promoviendo el mal.  

Pero el mal retrocede porque hay gente que se esfuerza y batalla. El mal retrocede porque hay gente que lucha por aquellos que no luchan.

 

Efectivamente, los hombres podemos realizar durante nuestra vida terrenal labores angélicas: glorificar al creador, ayudar a otros, dar consejos, consolar, etc., del mismo modo que también podemos realizar la labor de luchar espiritualmente contra los demonios, de la mano de la Virgen María, los ángeles, los santos y el Espíritu Santo.

DIMICATIO

La Dimicatio que propone este apostolado puede ser realizada por un coro de ninivitas integrado solo por laicos; pero si se introdujera una orden directa al demonio esta deberá realizarla un ordenado in sacris. Los laicos integrantes del grupo de oración no podrán dirigirse directamente al demonio. Solo el ordenado in sacris tiene el poder y la autoridad para atar al demonio con fórmulas directas. Un laico podría dirigirse al demonio durante la Dimicatio solo si hubiera recibido una autorización expresa por parte de la jerarquía eclesiástica para hacerlo. 

El apostolado debe ser realizado con responsabilidad y respeto, pero sin miedo: “Yo os he dado poder para andar sobre serpientes y escorpiones y sobre toda potencia enemiga, y nada os dañará”. (Lucas 10:19). 

Satanás no despliega sus tropas al azar. Las ciudades y territorios geográficamente definidos con sus ciudadanos, su lengua, sus gobernantes y su orografía, (v.gr. una ciudad, una isla, un archipiélago, una nación…) son atacados por espíritus demoniacos territoriales de rango superior llamados príncipes o principados, que controlan y organizan las huestes del mal de aquel lugar para esclavizar, dominar y someter a sus habitantes. A través de estos príncipes, Satanás, derrama el mal sobre las ciudades y regiones del mundo, siguiendo un mapa y un plan preciso, que tiene en cuenta todas las peculiaridades culturales y socioeconómicas de las gentes del lugar, para promover entre ellos ideologías, idolatría, vicios, pecados, etc. Los príncipes envían a sus demonios ahí donde más daño pueden hacer a la población en su conjunto, corrompiendo las mentes de gobernantes, autoridades, líderes, dirigentes y celebridades, que acaban sumidos en el pecado y tejiendo diferentes tramas de corrupción moral o delictiva en la sociedad. 

Las huestes espirituales del mal no avanzarían sin la cooperación necesaria de los hombres a través del pecado. Pero la naturaleza del hombre es débil, con una marcada tendencia al pecado, a desobedecer las leyes de Dios, a vivir sin Él, y un pecado llama a otro y al final se forma el barrizal de ignominia en el que se solazan los demonios, concentrándose cada vez en mayor número hasta que el pecado se extiende en forma de costumbre o ideología y se normaliza por la sociedad. 

La dimicatio del coro de laicos ninivitas sería, pues, un combate con armas espirituales contra esta jerarquía superior del maligno y los demonios que atacan nuestra isla. 

Que el Espíritu Santo nos guíe en nuestro servicio. Que los ángeles nos guarden. Que la Santísima Virgen María nos proteja de todo mal. Que la Cruz Santa sea nuestra luz. 

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ORACIONES

 

Para la congregación mensual de fieles (coro de ninivitas) se proponen las siguientes oraciones:

Señal de la cruz

Invocación al Espíritu Santo

Acto de contrición

Oración inicial

Salmos (17, 23, 31, 34, 36, 91, 147)

Trisagio angélico

Letanías de los santos ángeles

Oración deprecativa de liberación

Oración pidiendo la intercesión de los santos patronos de la isla

Oración de Juan Pablo II a san Benito, santo patrono de Europa

Plegarias a Nuestra Señora del Pino

Letanías Lauretanas (en Latín)

Acto de Consagración al Corazón Inmaculado de María

Salve Regina

Conjuración final (por sacerdote)

Señal de la cruz

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Invocación al Espíritu Santo

Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor.

V/. Envía, Señor, tu Espíritu y todo será creado.

R/. Y renovarás la faz de la tierra.

Oremos.

Oh Dios, que has iluminado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo; haznos dóciles a sus inspiraciones, para gustar siempre el bien y gozar de su consuelo. Por Jesucristo nuestro Señor.

R/. Amén.

Acto de contrición

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío: por ser Vos quien sois, Bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido. También me pesa que podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

Oración inicial

Oh Dios, que escuchas siempre a tus hijos atribulados, al darte gracias por tu misericordia, te rogamos que, liberados de todo mal, te sirvamos siempre con alegría de corazón. Por Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Salmos (17, 31, 34, 36, 91, 147)

Salmo 17. Confianza del justo en el juicio del Señor

1 Plegaria. De David. Oye, Yahvé, lo (que es) justo; atiende a mi grito suplicante; presta oído a mi plegaria, (proveniente) no de labios dolosos.

2 Que mi juicio salga de tu presencia y vean tus ojos lo que es recto.

3 Tú has sondeado mi corazón, lo visitaste de noche, me has pasado por el crisol, sin encontrar en mí malicia. Mi boca no ha cometido transgresión.

4 Respecto a las acciones humanas, conforme a las palabras de tus labios, yo me he guardado de procedimientos de violencia.

5 Afirma mis pies en tus senderos, para que mis pasos no titubeen.

6 Yo clamo a ti, pues tú me responderás, ¡oh Dios! Inclina hacia mí tu oído, escucha mis palabras.

7 Haz ostentación de tu magnífica piedad, tú que salvas a los que a tu diestra se acogen de los adversarios.

8 Guárdame como la niña de tus ojos, escóndeme bajo la sombra de tus alas

9 ante los malos, que pretenden oprimirme; ante mis enemigos, que furiosos me rodean.

10 Cierran su duro corazón y hablan jactanciosamente con su boca.

11 Ya me cercan sus pasos, clavan sus ojos para echarme por tierra.

12 Parecen leones ávidos de desgarrar, cachorros de león que acechan en la madriguera.

13 Álzate, Yahvé; vete a su encuentro; derríbalos; con tu espada salva mi alma del impío,

14 de los mortales, por tu mano, Yahvé; de los mortales que tienen el mundo por lote en esta vida. Que tu tesoro llene su vientre, que se sacien los hijos y dejen el sobrante a sus pequeñuelos.

15 Yo en justicia contemplaré tu faz, y me saciaré, al despertar, de tu imagen.

Salmo 23. Dios, Pastor del justo

1 Salmo de David. Es Yahvé mi pastor; nada me falta. 

2 Me hace recostar en verdes pastos y me lleva a frescas aguas.

3 Recrea mi alma, me guía por las rectas sendas por amor de su nombre.

4 Aunque haya de pasar por un valle tenebroso, no temo mal alguno, porque tú estás conmigo. Tu clava y tu cayado son mis consuelos.

5 Tú dispones ante mí una mesa enfrente de mis enemigos. Derramas el óleo sobre mi cabeza, y mi cáliz rebosa.

6 Sólo bondad y benevolencia me acompañan todos los días de mi vida; y moraré en la casa de Yahvé por dilatados días.

Salmo 31. Plegaria de un angustiado y acción de gracias de liberación

1 Al director del coro. Salmo de David.

2 En ti, ¡oh Yahvé! confío; no sea yo nunca confundido, líbrame en tu justicia.

3 Inclina a mí tus oídos, apresúrate a librarme; sé para mí roca inexpugnable, ciudadela para mi salvación.

4 Pues tú eres mi roca, mi ciudadela; por amor de tu nombre tú me guiarás y conducirás.

5 Me sacarás de la red que me han tendido, porque tú eres mi fortaleza.

6 En tus manos encomiendo mi espíritu. Tú me has rescatado, Yahvé, Dios fiel.

7 Tú aborreces a los servidores de los vanos ídolos, pero yo a Yahvé me confío.

8 Me alegraré y me gozaré en tu piedad, pues has visto mi aflicción y has considerado las aflicciones de mi alma.

9 No me entregaste en manos del enemigo, afirmaste mis pies en la anchura.

10 Ten piedad de mí, ¡oh Yahvé! porque estoy angustiado. La tristeza consume mis ojos, mi alma y mis entrañas.

11 Pues mi vida se consume en el dolor, y mis años en gemidos. Mi vigor enflaquece por la aflicción, y mis huesos se consumen.

12 Soy el oprobio de todos mis opresores, objeto de terror para mis vecinos y de espanto para cuantos me conocen. Los que me ven en la calle, huyen de mí.

13 Como muerto he sido olvidado en los corazones, soy como una vasija de desecho.

14 Pues he oído el murmurar de muchos, espanto en derredor, cuando a una se confabulaban contra mí y tramaban arrebatarme la vida.

15 Pero yo a ti me confío, oh Yahvé! yo digo: Tú eres mi Dios.

16 En tus manos están mis destinos. Líbrame de las manos de mis enemigos y de mis perseguidores.

17 Haz resplandecer tu faz sobre tu siervo y sálvame en tu piedad.

18 Yahvé, que no sea yo confundido, pues te invoco. Confundidos sean los malvados, y mudos (bajen) al seol.

19 Que callen los labios mentirosos, que, soberbios y despectivos, dicen insolencias contra el justo.

20 ¡Qué grande es tu bondad, oh Yahvé!, que guardas para los que te temen, que muestras a los que a ti se acogen delante de los hijos de los hombres.

21 Tú los guardas, al amparo de tu rostro, de las altanerías de los hombres, y como en una tienda los pones a cubierto de las lenguas pendencieras.

22 ¡Bendito sea Yahvé, que en mí hace admirable su piedad como en ciudad fortificada!

23 Pero yo dije en mi turbación: “He sido arrojado de ante tus ojos,” Pero tú has oído mi voz suplicante cuando a ti clamé,

24 Amad a Dios vosotros, todos sus piadosos; a los fieles guarda Yahvé, y paga con creces a los soberbios.

25 Esforzaos y fortaleced vuestro corazón todos cuantos esperáis a Yahvé. 

 

Salmo 34. Alabanza de Dios, protector del justo

1 De David, cuando se fingió loco ante Abimelec, que le echó de sí, pudiendo así escapar.

2 Alef. Yo bendeciré a Yahvé en todo tiempo; su alabanza estará siempre en mi boca.

3 Bet. En Yahvé se gloriará mi alma; lo oirán los humildes, y se alegrarán.

4 Guímel. ¡Magnificad conmigo a Yahvé, ensalcemos a una su nombre!

5 Dálet. Yo he buscado a Yahvé, y Él me ha respondido, librándome de todos mis terrores.

6 He. Volveos todos a Él y seréis iluminados, y vuestros rostros no serán confundidos.

7 Zain. Clamó este pobre, y Yahvé escuchó y le salvó de todas sus angustias.

8 Jet. Acampa el ángel de Yahvé en derredor de los que le temen y los salva.

9 Tet. Gustad y ved cuan bueno es Yahvé. Bienaventurado el varón que a Él se acoge.

10 Yod. Temed a Yahvé vosotros sus santos, pues nada falta a los que le temen.

11 Kaf. Empobrecen los ricos y pasan hambre, pero a los que buscan a Yahvé no les falta bien alguno. Selah.

12 Lámed. Venid, hijos, y oídme, y os enseñaré el temor de Yahvé.

13 Mem. ¿Quién es el hombre que ama la vida y desea ver días felices?

14 Nun. Preserva del mal tu lengua, tus labios de palabras mentirosas.

15 Sámec. Aléjate del mal y haz el bien, busca y persigue la paz.

16 Ayin. Los ojos de Yahvé están sobre los justos, y sus oídos, atentos a sus clamores.

17 Pe. La faz de Yahvé contra los que hacen el mal, para borrar de la tierra su memoria.

18 Sade. Clamaron (los justos), y Yahvé los oyó y los libró de todas sus angustias.

19 Qof. Yahvé está próximo a los contritos de corazón y salva a los de espíritu abatido.

20 Res. Muchas son las calamidades del justo, pero de todas ellas le libra Yahvé.

21 Sin. Toma a su cuidado todos sus huesos, y ni uno solo de ellos será roto.

22 Tau. La malicia matará al impío, y los que aborrecen al justo expiarán.

23 Yahvé redime el alma de sus siervos, y no expiarán cuantos a Él se acogen.

Salmo 36. Bondad de Dios y maldad del impío

1 Al maestro del coro. De David, siervo de Yahvé.

2 Oráculo de malicia tiene el impío en lo íntimo de su corazón; no hay ante sus ojos temor de Dios.

3 Pues lisonjéase a sus propios ojos demasiado para descubrir y odiar su pecado.

4 Las palabras de su boca son falsedad y fraude; ha renunciado a ser cuerdo y a obrar bien.

5 En su lecho maquina iniquidad, emprende caminos no buenos, no rechaza el mal.

6 ¡Oh Yahvé! tu piedad (se levanta) hasta los cielos, tu fidelidad hasta las nubes.

7 Tu justicia es como los montes de Dios, tus juicios son un inmenso abismo. Hombres y bestias tú socorres, ¡oh Yahvé!

8 ¡Cuan preciosa es, oh Dios, tu piedad! Los hijos de los hombres a la sombra de tus alas se acogen.

9 Sácianse de la abundancia de tu casa y los abrevas en el torrente de tus delicias;

10 porque en ti está la fuente de la vida, en tu luz vemos la luz.

11 Extiende tu piedad a los que te conocen y tu justicia a los rectos de corazón.

12 No me pise el pie del soberbio ni me eche fuera la mano del impío.

13 Allí han caído los obradores de iniquidad, están postrados, sin poder levantarse.

 

Salmo 91. Canto a la providencia de Dios sobre el justo

1 El que habita al amparo del Altísimo y mora a la sombra del Todopoderoso,

2 diga a Dios: “Tú eres mi refugio y mi ciudadela, mi Dios, en quien confío”.

3 Pues El te librará de la red del cazador y de la peste exterminadora;

4 te cubrirá con sus plumas, hallarás seguro bajo sus alas, y su fidelidad te será escudo y adarga.

5 No tendrás que temer los espantos nocturnos, ni las saetas que vuelan de día,

6 ni la pestilencia que vaga en las tinieblas, ni la mortandad que devasta en pleno día.

7 Caerán a tu lado mil, y a tu derecha diez mil; a ti no te tocará.

8 Con tus mismos ojos mirarás, y verás el castigo de los impíos.

9 Teniendo a Yahvé por refugio tuyo, al Altísimo por tu asilo,

10 no te llegará la calamidad ni se acercará la plaga a tu tienda.

11 Pues te encomendará a sus ángeles para que te guarden en todos tus caminos,

12 y ellos te levantarán en sus palmas para que tus pies no tropiecen en las piedras; 

13 pisarás sobre áspides y víboras y hollarás al leoncillo y al dragón.

14 “Porque se adhirió a mí, yo le libertaré; yo le defenderé, porque conoce mi nombre.

15 Me invocará él, y yo le responderé; estaré con él en la tribulación, le libertaré y le glorificaré.

16 Le saciaré de días y le haré ver mi salvación”. 

Salmo 147. Alabanzas a Dios por la restauración de Sión

1 Alabad a Yahvé, porque es bueno; cantad salmos a nuestro Dios, porque es complaciente, es digno de alabanza.

2 Reedifica Yahvé a Jerusalén y reúne a los dispersos de Israel.

3 Él sana a los de quebrantado corazón y venda sus heridas.

4 Él cuenta el número de las estrellas y llama a cada una por su nombre.

5 Grande es nuestro Señor y poderoso, y su inteligencia es inenarrable.

6 Sostiene Yahvé a los afligidos y humilla a los impíos hasta tierra.

7 Cantad a Yahvé y alabadle, entonad salmos a nuestro Dios con la cítara.

8 Él es el que cubre el cielo de nubes, el que prepara la lluvia para la tierra, el que hace que broten hierba los montes (y heno para el servicio de los hombres),

9 el que da al ganado su pasto, y a los polluelos del cuervo que claman.

10 No se agrada de la fortaleza del caballo, no se complace en las piernas de los hombres.

11 Se complace Yahvé en los que le temen, en los que a su piedad se confían.

12 Glorifica, Jerusalén, a Yahvé; alaba, Sión, a tu Dios.

13 Por haber reforzado las cerraduras de tus puertas y haber bendecido en tu interior a tus hijos.

14 Él asentó la paz en tus fronteras, te sació de la flor del trigo.

15 Él envía sus órdenes a la tierra, y su palabra corre velozmente.

16 Él da la nieve como lana y esparce como ceniza la escarcha.

17 Lanza su hielo como mendrugos, ante su frío se congelan las aguas.

18 Manda su palabra y las derrite, hace soplar viento y manan aguas,

19 Él promulgó su ley a Jacob, sus estatutos y decretos a Israel.

20 No hizo tal a gente alguna ni manifestó sus juicios. ¡Aleluya!

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Trisagio angélico

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

V/. Señor, ábreme los labios.

R/. Y mi boca proclamará tu alabanza.

V/. Dios mío, ven en mi auxilio.

R/. Señor, date prisa en socorrerme.

V/. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

R/. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén

PRIMA DECAS

Se procede del siguiente modo: en primer lugar, dicen todos la deprecación Sanctus Deus; después, un Padrenuestro, y finalmente se repiten nueve veces los versos siguientes, diciendo el sacerdote o la persona que dirige el rezo de las oraciones Tibi laus y res­pon­diendo todos: Sanctus; al terminar se añade Glória Patri.

Santo Dios, Santo fuerte, Santo inmortal, ten mi­se­ri­cordia de nosotros.

Padre nuestro.

V/. A ti la alabanza, a ti la gloria, a ti hemos de dar gracias por los siglos de los siglos, ¡oh Trinidad Beatísima!

R/. Santo, Santo, Santo Señor Dios de los ejércitos. Llenos están los cielos y la tierra de tu gloria.

V/. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

R/. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Las otras dos decenas se dicen del mismo modo, comenzando por las palabras Sanctus Deus, etc. Al terminar la última decena, todos dicen la siguiente:

 

ANTÍFONA

A ti Dios Padre no engendrado, a ti Hijo unigénito, a ti Espíritu Santo Paráclito, santa e indivisa Trinidad, con todas las fuerzas de nuestro corazón y de nuestra voz, te reconocemos, alabamos y bendecimos; gloria a ti por los siglos de los siglos.

ORACIÓN

Oh Dios to­do­poderoso y eterno, que con la luz de la verdadera fe diste a tus siervos conocer la gloria de la Trinidad eterna, y adorar la Unidad en el poder de tu majestad: haz, te suplicamos, que, por la firmeza de esa misma fe, seamos defendidos siempre de toda adversidad. Por Cristo nuestro Señor. R/. Amén.

Terminada la oración, todos añaden:

Líbranos, sálvanos, vivifícanos, ¡oh Trinidad Beatísima!

ACTO DE FE

Creo en Dios Padre;

Creo en Dios Hijo;

Creo en Dios Espíritu Santo;

Creo en la Santísima Trinidad;

Creo en mi Señor Jesucristo, Dios y hombre verdadero.

ACTO DE ESPERANZA

Espero en Dios Padre;

Espero en Dios Hijo;

Espero en Dios Espíritu Santo;

Espero en la Santísima Trinidad;

Espero en mi Señor Jesucristo, Dios y hombre verdadero.

ACTO DE CARIDAD

Amo a Dios Padre;

Amo a Dios Hijo;

Amo a Dios Espíritu Santo;

Amo a la Santísima Trinidad;

Amo a mi Señor Jesucristo, Dios y hombre verdadero.

Amo a María santísima, madre de Dios y madre nuestra y amo a mi prójimo como a mí mismo.

Letanías de los santos ángeles

Estas invocaciones se repiten

Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.

A las siguientes invocaciones se contesta: Ten piedad de nosotros

Dios Padre, Creador de los Ángeles,
Dios Hijo, Señor de los Ángeles,
Dios Espíritu Santo, Vida de los Ángeles,
Santísima Trinidad, delicia de todos los Ángeles,

 

A las siguientes invocaciones se contesta: Ruega por nosotros

Santa María,
Reina de todos los Ángeles,

A las siguientes invocaciones se contesta: Rogad por nosotros

Santos Querubines, Ángeles de la Palabra,
Santos Tronos, Ángeles de la Vida,
Santos Ángeles de la Adoración,
Santas Dominaciones,
Santas Potestades,
Santos Principados del Cielo,
Santas Virtudes,

A las siguientes invocaciones se contesta: Ruega por nosotros

San Miguel Arcángel,
Vencedor de Lucifer,
Ángel de la fe y de la humildad,
Preservador de la santa unción,
Patrono de los moribundos,
Príncipe de los ejércitos celestes,
Compañero de las almas de los difuntos,

San Gabriel Arcángel,
Santo Ángel de la Encarnación,
Fiel mensajero de Dios,
Ángel de la esperanza y de la paz,
Protector de todos los siervos y siervas de Dios,
Guardián del santo Bautismo,
Patrono de los Sacerdotes,

San Rafael, Arcángel,
Ángel del Amor divino,
Vencedor del enemigo malo,
Auxiliador en la gran necesidad,
Ángel del dolor y de la curación,
Patrono de los médicos, de los caminantes y de los viajeros,

A las siguientes invocaciones se contesta: Rogad por nosotros

Grandes Arcángeles Santos,
Ángeles del servicio ante el trono de Dios,
Ángeles del servicio para los hombres,
Santos Ángeles Custodios,
Auxiliadores en nuestras necesidades,
Luz en nuestra oscuridad,
Apoyo en todo peligro,
Exhortadores de nuestra conciencia,
Intercesores ante el trono de Dios,
Escudo de defensa contra el enemigo maligno,
Constantes compañeros nuestros,
Segurísimos conductores nuestros,
Fidelísimos amigos nuestros,
Sabios consejeros nuestros,
Ejemplos de nuestra obediencia,
Consoladores en el abandono,
Espejo de humildad y de pureza,
Ángeles de nuestras familias,
Ángeles de nuestros Sacerdotes y pastores,
Ángeles de nuestros niños,
Ángeles de nuestra tierra y Patria,
Ángeles de la Santa Iglesia,
Todos los Santos Ángeles,

Estas invocaciones se repiten

Asistidnos en la vida.
Asistidnos en la muerte.
En el Cielo os lo agradeceremos.

V/. Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo,

R/. Perdónanos, Señor.

V/. Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo,

R/. Escúchanos, Señor.

V/. Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo,

R/. Ten misericordia de nosotros.

V/. Dios mandó a sus Ángeles que cuiden de ti.

R/. Los cuales te guardarán en todos sus caminos

 

Oración deprecativa de liberación

Señor, tú eres nuestra defensa y nuestro refugio; te pedimos que libres la ciudad de las trampas de los demonios y de las insidias de sus perseguidores.
Protégela bajo la sombra de tus alas, rodéala con el escudo de tu fortaleza y muéstrale la clemencia de tu salvación.
Por Cristo, nuestro Señor.
Amén.

Oración pidiendo la intercesión de los santos patronos de la ciudad

Oración a santa Ana

Santa Ana, Madre de la Inmaculada, esposa del Espíritu Santo, por los méritos y la santidad de que os llenó el Espíritu Santo, obtened de ese mismo divino Espíritu muchos y muy dignos operarios para la viña del Señor.

Por tanto, pedid para todas las familias de Las Palmas de Gran Canaria el espíritu de piedad y del santo temor de Dios, y para todos los llamados al servicio del Señor, la verdadera humildad y fidelidad, a fin de que el Espíritu Santo pueda obrar en ellos con la fuerza de su divina gracia, haciéndolos dignos instrumentos en la mano del Eterno y sumo Sacerdote. Amén.

Oración a San Pedro Mártir de Verona

Oh Dios, que hiciste a San Pedro Mártir fiel en la predicación de la fe y en la defensa de la justicia, concédenos, por su intercesión, la gracia de proclamar tu verdad con valentía y de amar a nuestros hermanos y hermanas con generosidad. Que su ejemplo de humildad y de caridad nos inspire a vivir siempre de acuerdo con tu voluntad y a luchar por la dignidad y los derechos de todos los seres humanos. Que su martirio nos fortalezca en nuestra fe y nos haga perseverar en la fidelidad a Ti, incluso en las pruebas más duras. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Oración de Juan Pablo II a san Benito, santo patrono de Europa

¡Oh San Benito abad! El humilde Sucesor de Pedro y los obispos de Europa, a la que tú amaste tanto, tú nos has enseñado que la vida del hombre es digna de ser vivida, sin superficial optimismo utópico ni pesimismo desesperado, porque es don del amor de Dios y debe ser una continua, perenne, constante búsqueda de Dios, el único verdadero y auténtico valor absoluto.

Tú nos has enseñado que el cristiano, para ser realmente tal, debe "servir en la milicia de Cristo Señor, verdadero rey", haciendo de Cristo el centro de la propia vida y de los propios intereses.

Tú nos has enseñado que juntamente con el alejamiento interior de los bienes caducos de la tierra, debemos poseer una gozosa y activa apertura de espíritu y de corazón hacia todos los hombres, hermanos en Cristo, hijos del mismo Padre celestial.

Tú nos has enseñado que para el hombre, el trabajo —no sólo el de quien se inclina sobre los libros, sino también el de quien se inclina con la frente empapada de sudor y con las manos doloridas para roturar la tierra— no es humillación ni alienación, sino elevación, exaltación, más aún, participación en la obra creadora de Dios; es aportación consciente y meritoria a la construcción de la ciudad terrena, en espera de la definitiva y eterna.

Tú nos has enseñado que la fe cristiana, lejos de ser elemento de división o de disgregación, es matriz de unidad, de solidaridad, de fusión también en el orden temporal, social, cultural, y que, por lo tanto, la libertad religiosa es uno de los derechos inalienables del hombre.

Por esto, oh Santo Patriarca, te invocamos esta tarde: eleva tus amplios, paternales brazos a la Trinidad Santísima y ruega por el mundo, por la Iglesia, por Europa, por tu Europa, de la cual eres celeste Patrono y, en particular, por nuestra ciudad Las Palmas de Gran Canaria; que no olvide, no rechace, no renuncie al extraordinario tesoro de la fe cristiana que, durante siglos, ha animado y fecundado la historia y el progreso moral, civil, cultural, artístico de cada una de sus naciones; que, en virtud de esta matriz "cristiana", sea portadora y generadora de unidad y de paz entre los pueblos del continente y de los de todo el mundo; garantice a todos sus ciudadanos la serenidad, la paz, el trabajo, la seguridad, los derechos fundamentales, como los que conciernen a la religión, a la vida, a la familia, al matrimonio.

Oh Santo Patrono de Europa, invocamos suplicantes tu intercesión.

San Benito abad, ruega por nosotros.

Por Jesucristo Nuestro Señor.

Amén.

Plegarias a Nuestra Señora del Pino

I.

«Virgen del Pino,
sombra apacible en el camino,
del peregrino sombra y solaz.
Virgen del Pino,
raudal de gracias tan rico y fino
tan cristalino en manantial.
Tiende tus ramas y acoge,
Madre, a los que amas.

Mana a raudales
el agua pura de tus caudales.
Danos tu sombra para acampar.
Danos tu agua para aplacar
la sed del alma con tu caudal.
Virgen del Pino,
sombra y descanso sé, en mi camino,
Virgen del Pino,
sigue manando caudal divino».

II.

«Virgen del Pino,
oye benigna nuestro cantar.
Canta tu isla canción de amores,
cantan tus hijas, cantan su flores,
canta su cielo, canta su mar.
Cantan sus valles y sus praderas
y sus montañas con sus laderas
y sus volcanes, brasa en amar.
De su belleza tú eres dechado,
Virgen del Pino, nuestro ideal.
Que tú le has dado su colorido
y ese sonido de su vibrar:
dulce reflejo de tu mirar,
eco amistoso de tu cantar».

Letanías Lauretanas (en Latín)

V/. Kýrie, eléison.

R/. Kýrie, eléison.

V/. Christe, eléison.

R/. Christe, eléison.

V/. Kýrie, eléison.

R/. Kýrie, eléison.

V/. Christe, audi nos.

R/. Christe, audi nos.

V/. Christe, exáudi nos.

R/. Christe, exáudi nos.

V/. Pater de cælis, Deus,

R/. miserére nobis.

V/. Fili, Redémptor mundi, Deus,

R/. miserére nobis.

V/. Spíritus Sancte, Deus,

R/. miserére nobis.

V/. Sancta Trínitas, unus Deus,

R/. miserére nobis.

V/. Sancta Maria,

R/. ora pro nobis.

Sancta Dei Génetrix,

Sancta Virgo vírginum,

Mater Christi,

Mater Ecclésiæ,

Mater Misericordiæ,

Mater divínæ gratiæ,

Mater Spei,

Mater puríssima,

Mater castíssima,

Mater invioláta,

Mater intemeráta,

Mater immaculáta,

Mater amábilis,

Mater admirábilis,

Mater boni Consílii,

Mater Creatóris,

Mater Salvatóris,

Virgo pru­den­tíssima,

Virgo veneránda,

Virgo prædicánda,

Virgo potens,

Virgo clemens,

Virgo fidélis,

Spéculum iustítiæ,

Sedes Sapiéntiæ,

Causa nostræ lætítiæ,

Vas spirituále,

Vas honorábile,

Vas insigne devotiónis,

Rosa mýstica,

Turris Davídica,

Turris ebúrnea,

Domus áurea,

Fœderis arca,

Iánua cæli,

Stella matutina,

Salus infirmórum,

Refugium peccatórum,

Solacium migrantium,

Consolátrix af­flic­tórum,

Auxílium chris­tia­nórum,

Regina Angelórum,

Regina Pa­triar­chárum,

Regina Pro­phe­tárum,

Regina Apos­to­lórum,

Regina Mártyrum,

Regina Con­fe­ssórum,

Regina Vírginum,

Regina Sanctórum ómnium,

Regina sine labe originali concépta,

Regina in cælum assumpta,

Regina sa­cra­tíssimi Rosárii,

Regina famíliæ,

Regina pacis,

V/. Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi,

R/. parce nobis, Dómine.

V/. Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi,

R/. exáudi nos, Dómine.

V/. Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi,

R/. miserére nobis.

Sub tuum præsídium confúgimus, Sancta Dei Génetrix, nostras depreca­tiónes ne despícias in ne­ces­si­tátibus; sed a perículis cunctis líbera nos semper, Virgo gloriósa et benedícta.

V/. Ora pro nobis, Sancta Dei Génetrix.

R/. Ut digni efficiámur pro­mi­ssiónibus Christi.

ORÉMUS

Grátiam tuam, quǽsumus, Dómine, méntibus nostris infúnde: ut qui, Ángelo nuntiánte, Christi Fílii tui In­car­na­tiónem cognóvimus; per Passiónem eius et Crucem, ad re­su­rrec­tiónis glóriam perducámur. Per Christum Dóminum nostrum. Amen.

Acto de Consagración al Corazón Inmaculado de María

Oh María, Madre de Dios y Madre nuestra, nosotros, en esta hora de tribulación, recurrimos a ti. Tú eres nuestra Madre, nos amas y nos conoces, nada de lo que nos preocupa se te oculta. Madre de misericordia, muchas veces hemos experimentado tu ternura providente, tu presencia que nos devuelve la paz, porque tú siempre nos llevas a Jesús, Príncipe de la paz.

Nosotros hemos perdido la senda de la paz. Hemos olvidado la lección de las tragedias del siglo pasado, el sacrificio de millones de caídos en las guerras mundiales. Hemos desatendido los compromisos asumidos como Comunidad de Naciones y estamos traicionando los sueños de paz de los pueblos y las esperanzas de los jóvenes. Nos hemos enfermado de avidez, nos hemos encerrado en intereses nacionalistas, nos hemos dejado endurecer por la indiferencia y paralizar por el egoísmo. Hemos preferido ignorar a Dios, convivir con nuestras falsedades, alimentar la agresividad, suprimir vidas y acumular armas, olvidándonos de que somos custodios de nuestro prójimo y de nuestra casa común. Hemos destrozado con la guerra el jardín de la tierra, hemos herido con el pecado el corazón de nuestro Padre, que nos quiere hermanos y hermanas. Nos hemos vuelto indiferentes a todos y a todo, menos a nosotros mismos. Y con vergüenza decimos: perdónanos, Señor.

En la miseria del pecado, en nuestros cansancios y fragilidades, en el misterio de la iniquidad del mal y de la guerra, tú, Madre Santa, nos recuerdas que Dios no nos abandona, sino que continúa mirándonos con amor, deseoso de perdonarnos y levantarnos de nuevo. Es Él quien te ha entregado a nosotros y ha puesto en tu Corazón inmaculado un refugio para la Iglesia y para la humanidad. Por su bondad divina estás con nosotros, e incluso en las vicisitudes más adversas de la historia nos conduces con ternura.

Por eso recurrimos a ti, llamamos a la puerta de tu Corazón, nosotros, tus hijos queridos que no te cansas jamás de visitar e invitar a la conversión. En esta hora oscura, ven a socorrernos y consolarnos. Repite a cada uno de nosotros: “¿Acaso no estoy yo aquí, que soy tu Madre?”. Tú sabes cómo desatar los enredos de nuestro corazón y los nudos de nuestro tiempo. Ponemos nuestra confianza en ti. Estamos seguros de que tú, sobre todo en estos momentos de prueba, no desprecias nuestras súplicas y acudes en nuestro auxilio.

Así lo hiciste en Caná de Galilea, cuando apresuraste la hora de la intervención de Jesús e introdujiste su primer signo en el mundo. Cuando la fiesta se había convertido en tristeza le dijiste: «No tienen vino» (Jn 2,3). Repíteselo otra vez a Dios, oh Madre, porque hoy hemos terminado el vino de la esperanza, se ha desvanecido la alegría, se ha aguado la fraternidad. Hemos perdido la humanidad, hemos estropeado la paz. Nos hemos vuelto capaces de todo tipo de violencia y destrucción. Necesitamos urgentemente tu ayuda materna.

Acoge, oh Madre, nuestra súplica.
Tú, estrella del mar, no nos dejes naufragar en la tormenta de la guerra.
Tú, arca de la nueva alianza, inspira proyectos y caminos de reconciliación.
Tú, “tierra del Cielo”, vuelve a traer la armonía de Dios al mundo.
Extingue el odio, aplaca la venganza, enséñanos a perdonar.
Líbranos de la guerra, preserva al mundo de la amenaza nuclear.
Reina del Rosario, despierta en nosotros la necesidad de orar y de amar.
Reina de la familia humana, muestra a los pueblos la senda de la fraternidad.
Reina de la paz, obtén para el mundo la paz.

Que tu llanto, oh Madre, conmueva nuestros corazones endurecidos. Que las lágrimas que has derramado por nosotros hagan florecer este valle que nuestro odio ha secado. Y mientras el ruido de las armas no enmudece, que tu oración nos disponga a la paz. Que tus manos maternas acaricien a los que sufren y huyen bajo el peso de las bombas. Que tu abrazo materno consuele a los que se ven obligados a dejar sus hogares y su país. Que tu Corazón afligido nos mueva a la compasión, nos impulse a abrir puertas y a hacernos cargo de la humanidad herida y descartada.

Santa Madre de Dios, mientras estabas al pie de la cruz, Jesús, viendo al discípulo junto a ti, te dijo: «Ahí tienes a tu hijo» (Jn 19,26), y así nos encomendó a ti. Después dijo al discípulo, a cada uno de nosotros: «Ahí tienes a tu madre» (v. 27). Madre, queremos acogerte ahora en nuestra vida y en nuestra historia. En esta hora la humanidad, agotada y abrumada, está contigo al pie de la cruz. Y necesita encomendarse a ti, consagrarse a Cristo a través de ti. El pueblo ucraniano y el pueblo ruso, que te veneran con amor, recurren a ti, mientras tu Corazón palpita por ellos y por todos los pueblos diezmados a causa de la guerra, el hambre, las injusticias y la miseria.

Por eso, Madre de Dios y nuestra, nosotros solemnemente encomendamos y consagramos a tu Corazón inmaculado nuestras personas, la Iglesia y la humanidad entera, de manera especial Rusia y Ucrania. Acoge este acto nuestro que realizamos con confianza y amor, haz que cese la guerra, provee al mundo de paz. El “sí” que brotó de tu Corazón abrió las puertas de la historia al Príncipe de la paz; confiamos que, por medio de tu Corazón, la paz llegará. A ti, pues, te consagramos el futuro de toda la familia humana, las necesidades y las aspiraciones de los pueblos, las angustias y las esperanzas del mundo.

Que a través de ti la divina Misericordia se derrame sobre la tierra, y el dulce latido de la paz vuelva a marcar nuestras jornadas. Mujer del sí, sobre la que descendió el Espíritu Santo, vuelve a traernos la armonía de Dios. Tú que eres “fuente viva de esperanza”, disipa la sequedad de nuestros corazones. Tú que has tejido la humanidad de Jesús, haz de nosotros constructores de comunión. Tú que has recorrido nuestros caminos, guíanos por sendas de paz. Amén.

Salve Regina (en Latín)

Salve, Regina, Mater misericordiae. Vita, dulcedo et spes nostra, salve. Ad te clamamus exsules filii Hevae. Ad te suspiramus gementes et flentes in hac lacrimarum valle. Eia, ergo, advocata nostra, illos tuos misericordes oculos ad nos converte; et Iesum, benedictum fructum ventris tui, nobis post hoc exsilium ostende. O clemens, O pia, O dulcis Virgo Maria. Ora pro nobis, Sancta Dei Genitrix. Ut digni efficiamur promissionibus Christi. Amen

Conjuración final

Por sacerdote:

Te declaro anatema, Satanás, enemigo de la salvación humana; reconoce la justicia y la bondad de Dios Padre, que, con justo juicio, condenó tu soberbia y tu envidia: apártate de este templo y de esta ciudad, aléjate de Gran Canaria, retírate de esta diócesis y de esta nación.
Te conjuro, Satanás, príncipe de este mundo: reconoce el poder y la fuerza de Jesucristo, que te venció en el desierto, superó tus insidias en el Huerto, te despojó en la Cruz, y resucitado del sepulcro transfirió tus trofeos al reino de la luz: retírate de la Iglesia Universal. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

MISA DE LIBERACIÓN

Oración de bendición de la isla

Sacerdote:

En el nombre del Padre, y del Hijo,
y del Espíritu Santo.

R. Amén.

La paz esté con todos ustedes.

R. Y con tu espíritu.

Oremos.
Padre todopoderoso,
ante quien se dobla toda rodilla
en el cielo y en la tierra
humildemente te pedimos
que mires con bondad
a los hijos de estas tierras
que imploran tu bendición.

Que al mirar la Santa Cruz,
elevada en la cima de esta montaña,
y que ilumina la vida de las familias,
de los niños y jóvenes,
de los enfermos
y de todos los que sufren reciban
tu consuelo y tu compañía,
y se sientan invitados al seguimiento de
Tu Hijo, único camino para llegar a ti.

Que tu amor traiga a todos
tus auxilios divinos
y aumente tus dones espirituales.

Te lo pedimos a ti Padre,
por tu Hijo Jesucristo,
que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios por los siglos de los siglos.

R. Amén.

 

NOTA: Si deseas formar parte del grupo de oración o sembrar el apostolado en otra región, ponte en contacto con nosotros por teléfono o wasap: +34 686 022 440 (Gonzalo Sáenz)

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